jueves, 19 de febrero de 2009

Lappi: 30 grados bajo cero (II parte)

Tocó dividir en tres partes el relato para que no se me aburran leyendo y para poder poner más foticos... son demasiadas... Jajaja

El segundo día teníamos varias opciones de actividades. Empezamos haciendo una caminata por el lago y los boscosos y nevados alrededores con "zapatos para caminar en nieve", una especie de raquetas que no dejan que uno se súper hunda en la nieve... Teníamos unos 70 cm de nieve y con las raquetas uno se hundía como unos 20 cm nada más. Al principio sentíamos que no servían para nada, pero en la mitad de la nada me dio por quitarmelos para una foto y cuando me vi enterrada en nieve hasta las rodillas me di cuenta que en realidad sí servían... Atravezamos todo el lago y visitamos "la casa del lago", que en invierno no la tienen funcionando pero en verano debe ser muy lindo estar ahí! En la tarde hicimos cross country ski también sobre el lago... Es muy útil tener un lago ahí, es un centro natural de entretenimiento en cualquier época del año!
Después de todo, como si no estuvieramos lo suficientemente cansados, regresamos de nuevo a la infancia para deslizarnos en los trineos por la montañita de nieve, esta vez con empujoncitos de los mellizos hijos de los dueños del lugar... De nuevo reitero que los niños aquí son hermosos! Se ven súper tiernos en los trajes y overoles de invierno, además, ellos en particular, bien inteligentes y hasta bilingües! Tienen 7 años y hablan mejor inglés que yo...
La cena de esa noche fue un delicioso salmón adivinen con que? Adivinaron.. con papa! Pero esta era en tiritas y con queso gratinado... otro platillo típico de por aquí... Y las bayas donde quedaron? Ahora estaban en el postre! Bayas de arándano con crema! La rutina noctura fue igual a la del primer día... sauna, agua helada, sauna, nieve, sauna... Nada más que ese día casi me quedo sin pierna derecha tratando de salir rápidamente del agua helada... Jaja, no mentiras, no tanto pero si quedaron llenas de moretones y raspadas porque el hielo corta, en una de esas saliendo del agua medio me resbalé y tenga sumercé la pierna rapadita! Pero no importa, insisto en que el sauna es sinónimo de calidad de vida y después de un agotador día en la nieve, la relajante sesión de sauna lo deja a uno listo para soñar con los angelitos!

Lo mejor de ir a dormir, fue poder despertar al día siguiente y ver que la mañana nos tenía una sorpresa: Salió el SOL! El tercer día tuvimos un sol espectacular y un cielo azul hermoso! Todo se ve más bonito con el sol, los colores se iluminan, la nieve parece escarcha y brilla, la gente sonríe, la vida se alegra! Perooo el frío aumenta. Eso es regla, ya lo aprendí aquí en el tiempo que llevo, el hecho de que haga sol significa que hará más frío de lo normal. Esta más que comprobado! Ese día estuvimos en un el Parque Nacional de Pyhä, unos 60 Km más al norte de donde nos encontrabamos. El paisaje, que aunque no difería mucho del que teníamos en Korvalan, se multiplicaba cien veces en tamaño y se iluminaba con el sol para parecer el bosque en el que Blanca Nieves se perdió. Nosotros parecíamos más bien los 7 enanitos (o los 20 enanitos) caminando en fila india para no salirnos del sendero de caminata porque un paso fuera de el implicaba ser desenterrado de casi un metro de nieve...
En algún momento de la caminata, teníamos que bajar la montaña, para lo cual en el parque muy inteligentemente construyeron unas escaleras, escaleras que en esta época invernal están completamente cubiertas de nieve y como resultado tenemos a todo el mundo tirándose por, prácticamente, un tobogán de nieve. Afortunadamente yo la libré sin revolcón, pero al menos tres de mis compañeras de travesía, bajaron rodando y dando botes montaña abajo por 3 pendientes como de 90 grados... Divertido verlo desde abajo, pero no estar en su lugar. Nadie quería terminar en el hospital! En ese momento entendí porque los seguros médicos para venir a Finalandia son más caros que para cualquier otra parte de Europa (lo normal es una cobertura de $30.000 € y aquí exigen $100.000 €). Gracias a Dios no pasó nada, porque por más caro seguro que uno tenga, quien sabe donde estará el hospital más cercano y no creo que esté muy cerca de la nada.
Lo más chistoso es que una vez todaas logramos bajar, nos encontramos otro grupo que había salido unos minutos antes a la caminata y venía de regreso porque les habían informado que el lugar a donde queríamos ir, un mirador del parque, quedaba más lejos de lo que pensabamos, así que dimos media vuelta y ahora había que escalar la montaña por la que nos acababamos de tirar (eran originalmente 3 secciones de escaleras de unos 35 escalones cada una). Ahí si que estuvo peor, pero bueno, lo logramos sin saldos ni bajas.

El trayecto de regreso a Korvalan estuvo acompañado por un atardecer increíbleeeemente hermoso. Las fotos desde adentro del bus desafortunadamente no son las mejores, pero los colores anaranjados del horizonte en contraste con el verde y blanco de los pinos y el azul claro del cielo eran maravillosos. Al ver ese atardecer, en general en un viaje como este, de verdad que uno se siente inmensamente bendecido, afortunado...
En la noche teníamos la cena más esperada del paseo, probaríamos la carne de reno! Ese día pensando y oyendo comentarios mios y de mis compañeros, decidí pensar que las vacas, los pollos, los peces y los cerdos son definitivamente muy feos en la vida. Pobres porque nadie los quiere, al menos a nadie le pesa comérselos. Lo digo porque aunque había emoción por probar el reno, también había conmoción por el mismo hecho. Esperábamos que no nos estuvieramos comiendo una pata de los lindos animalitos que un par de días atrás nos habían dado una vuelta en trineo... O peor aún, que no nos estuvieramos comiendo a Rudolf! Jajaja. El caso es que está rico, pero nada muy lejano a la carne de vaca. Un sabor un poco más fuerte, es más grasoso pero creo que estaba bien preparado y no tenía mucha grasa, acompañada de...... sí, sí, puré de papa y bayas de arándano rojo! Así es como se come. Lo mejor mejor mejor, fue el postre de esa noche... muy típico de Laponia: queso de Laponia (como una cuajada sin sabor y cauchosa) asado en leche con mermelada de "baya de nube" (cloudberry)... Sin comentarios, simplemente exquisito.
Con tal sol durante el día y el cielo completamente estrellado que pudimos observar al anocher, no quedaba más que esperar poder ver otro fantástico espectáculo de auroras boreales en la noche... A eso hay que sumarle que la temperatura que marcaba el termómetro al salir del restaurante era -27°C !!! A media noche, tuvimos la máxima de -30°C... Sin embargo, triste muy tristisimamente, doña aurora boreal no se dejó ver. Como a las 2:30 am el cielo se había nublado y las esperanzas de verla se fueron frustradas a dormir conmigo...
Lo bueno en medio de lo triste del asunto es que así tengo un motivo más para regresar a este hermoso lugar algún día en la vida.
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